Partimos del aeropuerto de Rosario a las 5:40 de la mañana. Se venía un día larguiiiiisimo. Viajamos por Gol. Muy buen servicio por el precio que pagamos, además de ser la más económica. En poco menos de 2 horas llegamos a Porto Alegre, nuestra primera escala. Es una ciudad grande, con un aeropuerto muy concurrido. Aquí tuvimos que buscar las mochilas para hacer trasbordo y migraciones. Una vez listo nos tomamos unos mates en la terraza vidriada mirando los aviones. Estiramos las piernas y nos preparamos para otro tramo hasta el Aeropuerto de Gonghonas, San Pablo.
Cada vez que subíamos al vuelo nos daban un refrigerio con unos saladitos feos. Llegamos a SP, aeropuerto gigante y en plan expansión. Teníamos 30 minutos en entre vuelo y vuelo, nos tomamos un suco de maracuya con un pao de queijo. El suco medio, medio. Nos fuimos hasta la puerta de embarque y CHAN!, CANCELADO, así que un empleado nos cambió los boletos al toque por el vuelo siguiente a Rio. Gol sale cada 10 minutos a todos lados, es impresionante, como también la amabilidad de los tipos. Algo que me llamó la atención en el aeropuerto es que cada butaca tiene debajo su toma corriente 220v. para las notebooks, además de acceso a internet inalámbrico. Enseguida se hizo la hora y partimos destino al Santos Dumont, Rio de Janeiro.
El Dumont es el aeropuerto céntrico de Rio. Para lamentarnos fue el hecho de que al cambiar el vuelo, también cambiamos de modelo de avión, con lo que las butacas que habíamos elegido por internet, en éste vuelo no teníamos ventanillas. La llegada a Rio la vimos a los cabezados. Puedo decir que es fantástica, nada más que eso, ya que Rio lo visitaremos al final del viaje.
13Hs. en punto desembarcamos, tomamos las mochilas y rajamos. ¡El calor que hacía al sol! Buscábamos un bus de la empresa Real que por R$5 te lleva a la Rodoviaria (terminal de ómnibus). Esperamos como una hora preguntando a cada colectivero si iba “para la“. Finalmente lo encontramos. El muy turro nos quiso cobrar R$8, con el idioma aprovechan y se hacen los zonzos. El viaje fue un paseo en montaña rusa, todos andan como locos, se hacen unos “finitos” terribles. Luego de atravesar parte de la zona Norte de Rio llegamos a la terminal. Allí buscaríamos la empresa de buses Costa Verde, que une Angra Dos Reis – Rio de Janeiro. La mochila estaba pesadísimo, 17kgs., dimos una vuelta por el piso superior y comimos el primer pastel de queijo y presunto. El calor apretaba. Le pregunté a un vigilante por la boletería y nos mandó hacia abajo. En media hora partía un bus para Angra, más nosotros debíamos bajar en Coceicao de Jacarei, pueblo ubicado entre Mangaratiba y Angra. Es el punto más cercano para embarcar hacia la isla. Este viaje en bus no fue la excepción, y como nos tocaron las últimas butacas, la sensación que nos volcaríamos se acentúa. Vimos varios derrumbes producto de las lluvias excesivas y un camión volcado. Luego de 2Hs. y una parada intermedia para que el chofer tome su refresco (quiero creer que era eso y no otra cosa), para el colectivo y grita “¡conceizaoooooo!”. Era nuestra parada. No tardó en invadirnos el olor a frituras de los “carritos“ ubicados a la vera de la ruta. Cruzamos y nos internamos en el pueblo buscando la playa. Las viviendas se conjugan entre construcciones precarias y coloniales. Todos los pueblos brasileros, por más pequeños que sean, tiene su capilla católica y protestante. Un bar con la fachada pintada de azul anunciaba en una pizarra “Traslados a Abraao”. Un morador sale a nuestro encuentro comunicándonos la tarifa, R$15 por persona la travesía en escuna y 18:40hs. parte. Matamos la espera con unas cervezas Itaipava y un pastelito de camarones sentados sobre el tapialito del bar. Había dos parejas de argentinos en las mismas condiciones, solo que ellos habían padecido 4hs. de espera en Buenos Aires gracias al servicio de Aerolíneas Argentinas.
El sol caía y la noche nos abrazaba. Otro morador se nos acerca ofreciéndose a llevarnos en su barca. Aceptamos la propuesta y nos dirigimos al muelle, cuando llegábamos éste buen hombre con el afán de ganarse el viaje casi choca a la escuna que estábamos esperando nosotros. Eso fue suficiente para volver a la idea original de transporte. Bajaron algunas personas y subimos otras tantas, junto a un televisor, muchas latas de cerveza, agua, víveres, entre otras cosas. Los moradores utilizan éstas barcas como medio de transporte, van al continente a reabastecerse. La música sonaba estridente en la escuna, eso es imprescindible para ellos, más no las luces de navegación.
Todo listo y zarpamos, junte al cachengue musical y peque peque del motor. El cansancio del día nos pasaba factura, ayudado por el leve meceo de la barca, invitaba al sueño, pero el interés por lo desconocido y la expectativa pudieron más, ah, y además en la escuna no había baño. Conceicao desaparecía y Abraao asomaba. Una hora más tarde tocábamos el muelle. A simple vista era una vila más grande a la imaginada. Muchos bares sobre la costa, muchas luces y ritmos musicales que se peleaban uno con el otro para sonar más fuerte. El plan era dormir allí y al día siguiente mudarnos a una pousada cita en la selva y sobre el morro sur. Una chica que se le acercó a Nadia en el muelle nos ayudó para decidirnos por Beto´s Pousada. R$ 70 la habitación con desayuno, pequeña pero limpia, una muy buena opción. Una ducha y a caminar por el pueblo, ¡ya sin mochilas!.
La verdad que de “vila do pescadores“ le queda muy poco, todo está pensado para el turista. Nos sentamos en un bar de la calle paralela a la playa y una hacia dentro del pueblo. Mix de Sabores se llamaba, y pez con ensalada y arroz fue nuestro plato, muuucho arroz, todo lo acompañan con arroz, es como el pan para nosotros los argentinos. Me olvidaba de contarles que en Abraao no hay vehículos a motor, solo la policía tiene dos motos, un jeep y un buggy para andar solamente por ésta vila, no por toda la isla.
Sábado 17 de Abril“…hora de levantarse…” dice el despertador de mi celular, 7:15 hs. Que buen desayuno sirven en Beto´s Pousada, nos cansamos de comer.
Nos calzamos las mochilas y partimos. Dimos una par de vueltas preguntando donde queda la posada de Dhino, nadie sabía, hasta que un hombre nos pudo orientar de que trilhas tomar al llegar a tal y cual bifurcación. Caminamos hacia el este hasta el final de la playa, cruzamos un pequeño morro y llegamos a Praia Julia. Entre que deliberábamos con Nadia por donde agarrar vimos a un “personaje“, similar al de las fotos de un sitio web, que bajaba de una trilha. “¿Dino?” – le pregunto -, “el mishmo” – me responde -. Nos cuenta que todavía no había arreglado la posada de la partida de otros turistas, pero podíamos subir e ir acomodándonos, el bajaría a comprar víveres a la vila. 20 minutos de caminata y llegamos sin problemas. Un lugar hermoso, una vista fantástica, lástima que Dhino es muy zaparrastroso. Podría cuidar su posada como Erika y José, pero tiene otra filosofía de vida, una lástima realmente.
Tomamos lo indispensable, agua, máscaras y tubo de buceo, algunas galletitas y partimos para Praia Lopes Mendes (renombrada playa de mar abierto, gran longitud, aguas azules y arena símil harina). La trilha nos sorprende paso a paso. Su vegetación, muchas ardillas, y mucho subir y bajar también. 45 minutos y pisamos la arena de Praia Palmas. Frente nuestro, allí, por primera vez en el viaje, probamos el mar. Que hermosa sensación, verse los pies con el agua a los hombros. Tomamos unos mates (chimarao, como lo llaman en Brasil) y continuamos nuestra caminata, un largo trecho faltaba aún. Pasamos por Praia do Pouso y Praia Mangues, para finalmente toparnos con Lopes Mendes. Se oye un crunch, crunch por cada paso nuestro, es el sonido de la arena, que por ser tan fina, al pisarla suena así. Kilómetros y kilómetros de playa, sin puestos ambulantes, sin casas, bien salvaje. Olvidé contarles que cada playa que pasábamos es un pequeño pueblito con un conjunto de casas, con sus iglesias. Las trilhas siempre siguen ésta secuencia: playa, subida, morro, bajada, playa nuevamente. El buen momento nos distrajo y olvidamos que teníamos 2 hs. y media de caminata para regresar a la posada. Partimos a las 16 hs. y en la trilha ,Palmas – Julia, nos agarró la noche. ¿Recuerdan cuando dije que tomamos lo indispensable?, bueno, dentro de esa lista no estaba la linterna. Jugábamos al “gallito ciego” en la selva, no había luna, nada se veía. ¡Que fulero que la pasamos!. Por suerte, a unos 50 metros de la posada, detrás nuestro apareció una luz, era León ( un chico que ayuda a Dhino en la posada) con un farol casero. Unos pasos más, ahora con luz, y ya estábamos. Nos pegamos una ducha y a cenar. Bifes con ensalada y mucho ajo.
Dormimos en una especie de quincho con techo de paja, sin paredes, abierto, con un colchón en el piso y una red para insectos que caía del techo. Realmente un paraíso, pero no estábamos cómodos, muchas caras extrañas, gente que entraba y salía de la casa como si nada, no inspiraban mucha confianza. El sueño nos terminó atrapando.
Domingo 18 de Abril.El sol nos marcó la hora de levantarnos, 7:15 hs. , subimos los pocos metros que nos separaban de la casa y Dhino estaba ya levantado pero no había nada sobre la mesa a pesar de prometernos el desayuno vía correo electrónico, bue, bajamos a Praia Julia y fuimos al sudeste para Praia Abraaozinho. Muy bella, allí vimos las primeras tortugas de mar, haciendo mergullo. Nos sentamos debajo de un árbol y noté que me caían cositas sobre la cabeza, era una ardillita que comía los frutos y me atinaba con las cascaritas.
Llegó el mediodía y el calor se hacía sentir, volvimos a Abraao a resguardarnos del calor, como no habíamos desayunado decidimos almorzar, escogimos el mismo lugar de la cena, pero esta vez probaríamos Strogonoff ¡Delicioso! – busquen la receta y háganlo.
De allí bajamos por una calle y nos tentamos con un puestito de ensaladas de frutas. Es raro comer algunas frutas que en nuestro país encontramos, pero con gusto y textura diferentes. Nuestra idea era hacer el circuito chico de Abraao, visitando las ruinas del lazareto y el acueducto, pero las piernas solo nos llevaron a una playita al Noroeste llamada Praia Preto. Notamos mucho revuelo ese día en Abraao, luego nos dimos cuenta el porqué. Jugaban la final por dos campeonatos el Flamengo y el Botafogo.
Como les conté, cuando decidimos pasar de vuelta por el mercado para comprar cosas para la cena estaba todo cerrado. El fanatismo llega hasta el sexo femenino aquí en Brasil. Anecdótico fue ver una nena de unos 8 años de edad con la camiseta del Flamengo discutiendo con un hombre mayor con camiseta del Botafogo, obviamente por temas futboleros. Solo pudimos conseguir pan, queso y tomates para preparar unos sandwiches y 12 latas de cerveza en oferta.
Ya casi con el sol ocultándose en nuestras espaldas y con las linternas, -me río solo-, emprendimos la subida a la pousada. Llegamos con el ladrido de los perros. Habían cocinado Strogonoff, así que probamos un plato y nos fuimos a la cama.
Lunes 19 de Abril
No les conté que nuestro objetivo era darle la vuelta a la isla, pero nos dimos cuenta que teníamos el peso de las mochilas muy mal repartido, la mía es enorme y la de Nadia pequeña, sumado al rumor que entre Parnaioca y Praia del Este estaban los botánicos haciendo estudios de campo y no dejaban pasar. Gran parte de Ilha Grande es reserva natural. Por todo ello decidimos tomar una barca hacia playas del Noroeste y allí emprender la caminata para visitar los puntos más importantes de la isla. Seguía nuestra racha de suerte… ninguna agencia, de las tantas que hay en Abraao, realizaba ese trayecto por no haber gente suficiente para que les reditúe económicamente. No quedó más que tomar el Ferry subvencionado por el estado hacia Angra Dos Reis y volver en otra barca a Araçatiba, locación más importante del N.O. de la isla.
Allí aprovechamos para hablar por teléfono y llevar buenas nuevas a nuestros seres queridos. En hora y cuarto llegamos a uno de los tres muelles que tiene Angra. Habíamos leído que ésta ciudad tiene problemas con los efluentes cloacales, y nuestro olfato lo confirmó apenas desembarcamos. De vuelta a la civilización, a la locura, autos que van y que vienen, bocinas, tránsito caótico. ¿Les conté que Ilha Grande no posee vehículos motorizados?, más allá que alguna moto, un jeep y un cuatri con una cubierta pinchada de la policía militar y solo en Vila do Abraao. Calor, mochila cargada y teléfono público que ande es una conjunción difícil de lograr. Habremos probado 10 teléfonos, de los cuales no andaba ninguno. Así que decidimos que Nadia se quedara en el edificio de embarque del muelle de turismo, con aire acondicionado, y yo iría a llamar y buscar algo fresco para tomar.
En el súper no venden bebidas frías, solo en los bares, ¡y a otro precio! Conseguí hablar con la Pousada donde pensábamos alojarnos en Praia Vermelha, pero estaba sin vacantes, y además me liquidó la tarjeta, pude hablar a casa y chau, se acabó.
Debíamos hacer tiempo, ya que la única barca que nos une con Aracatiba es el Sea Blue, y saldría en 2 horas.
En viaje, ya relajados, conocimos a una argentina que viva hace 15 años allí, ella nos guió en la elección de la pousada y fue de excelente ayuda. Pousada do Gabriel fue la elección. Cuarto pequeño, con balcón a la bahía, hamaca, limpio, ¿¡Que más se puede pedir!?
Araçatiba es pequeña en comparación con Abraao, pero grande al lado de las demás vilas de la isla. Sus aguas son verdes por estar ubicada en la margen opuesta al mar abierto.
Ducha reconfortante y a cenar peixe con ensalada y arroz bien abundante.
El día fue largo y la noche llamaba a dormir…
Martes 20 de Abril
El día arrancó temprano, queríamos rumbear para el Este en busca de las playas que nos salteamos al realizar la travesía en barca y volver a hacer noche nuevamente aquí. Preparamos una sola mochila con lo del día, desayunamos y partimos.
Cruzamos todo Aracatiba, y comenzamos a transitar un sendero muy lindo, rumbo a Praia Longa, nos adentrábamos nuevamente en la selva, el canto de los pájaros, las ardillas, los monos, nuevamente estábamos en “nuestro” lugar. Luego de una hora de caminata llegamos, la verdad que no era muy linda, al parecer ésta playa ya utilizan de astillero para reparar las escunas de la zona. Allí nos preguntábamos de seguir, ya que la próxima playa, Praia de Ubatuba estaba como a 2 horas de allí. En éste momento, y mirando alrededor buscando a alguien a quien preguntar si valía la pena la caminata vimos, sentado al pie de un árbol a un chico con mochila, al parecer uno de los nuestros… Rafael es su nombre, y casualmente estaba dándole la vuelta a la isla. El venía haciendo todo el trayecto que nosotros nos salteamos. Le comentamos de nuestra disyuntiva y nos señaló una punta hacia el N.O., Lagoa Verde, y allí nos cayó la ficha. Claro, es una parada obligada en los tours por la isla, pero entre tanto ida y vuelta no reaccionamos que la teníamos tan cerca. Para allá rumbeamos, caminando por un senderito durante unos 30 minutos llegamos al lugar, ¡Y que lugar!, aquí nos sacamos el gusto de hacer mergulho con peces de todo tipo, colores y tamaños, estrellas de mar, erizos y algunos corales. Rafa no había llevado máscara pero por esas cosas del destino encontró una debajo del agua. ¡Que lindo día que pasamos! Nadamos, de una punta a la otra y luego nos tiramos en la arena. Cometimos el error de olvidarnos la cámara de fotos, pero por suerte Rafa tenía, así que nos sacó algunas que gentilmente nos mandó por correo electrónico a nuestro regreso, las comparto…
La tarde caía y era la hora del regreso. Rafa iba para Aracatiba, así que compartimos caminata. Su idea era acampar, ya que llevaba tienda consigo. Una vez de regreso, el buscó una casa de moradores locales que le dejaran armar su campamento y nosotros nos fuimos a la pousada. Nos prometimos una cerveza después de la cena. Todavía teníamos latas de la docena que habíamos comprado en Abraao. Nuevamente una exquisita cena en lo de Gabriel, y luego una charla con Rafa. Así terminamos el día…
Miércoles 21 de Abril
La noche anterior invitamos a Rafa a compartir nuestro viaje a Praia do Aventureiro, al otro lado de la isla, mar abierto, pero el quería ir a Ponta Acaia, donde hay una gruta que se hace un efecto de luz a determinada hora del día semejante a una luz de neón. Para ir nosotros allí deberíamos “gastar” un día entero y dejaríamos de visitar otros puntos que no queríamos perdernos de ver, así que caminamos juntos durante unos 45 minutos hasta donde el sendero se bifurcaba.
Saludos y cambiamos el rumbo al Sur, debíamos cruzar la isla, nos esperaba una dura caminata. Aquí es donde sentí como el clima cambia a medida que uno se adentra en la selva. A orillas del mar corre una brisa agradable, y a medida que nos internábamos el aire se hacía más “pesado”, escaseaba, y además estábamos subiendo el morro.
Un cable de electricidad avanzaba junto al sendero, seguramente es el que lleva luz al otro lado de la isla. Nos entreteníamos mirando las mariposas multicolores que nos merodeaban. Cada paso costaba cada vez más, estaba empinado. La cima del morro se hacía esperar.
Vimos varios desmoronamientos, estaba terminando la época de lluvias y lo hacía con fuerza.
Y luego de un poco más de una hora el mar se dejó ver, con un azul profundo, claro, es mar abierto. La vegetación cambia, es decir, disminuye, de éste ledo de la isla no hay tanta humedad, ya podíamos “oler” el mar, aunque todavía faltaba mucho para llegar. Las plantas que nos hacían de sombra ya no estaban, y era mediodía, hacía mucho, mucho calor. Una arroyito que bajaba nos alivió un poco, paramos, nos refrescamos, nos hidratamos y a seguir. La idea de estar metidos en el mar nos tentaba sobremanera. Ah, desde Aracatiba somos cuatro los caminantes, Rafa nos dejó pronto, pero una pichicha, que para nosotros estaba preñada, nos acompaño hasta Provetá.
Algunas casitas comenzaron a aparecer en el camino, también se escuchaba murmullo, no pensamos que Provetá sería tan grande, y creo que cambió nuestro parecer en decir que Aracatiba es la segunda vila más grande de Ilha Grande.
Seguimos bajando, ya con ganas de dejar las mochilas por un rato. Otra cosa que me olvidaba contarles, ya habíamos decidido no dar la vuelta completa, sino recorrer lo más posible el lado sur de la isla, para luego volver a Aracatiba, tomar el Sea Blue y vía Angra en micro a Rio, con lo que mucho de nuestro equipaje lo dejamos en Pousada do Gabriel, íbamos más livianos. Además, todo nos cerraba perfecto en nuestros planes, a la vuelta de Aventureiro, tomaríamos una barca que trae chicos de diferentes vilas a Provetá a estudiar (Provetá es una vila evangélica), y de ida nos depositaría en Ponta Acaía, en la famosa gruta de la luz de neón, y allí volveríamos a pie hasta la pousada. La verdad, un plan soñado, pero cuando hay varios eslabones en una cadena, uno puede fallar. Ya van a ver…
Llegamos a Provetá, cruzamos todo el pueblo en busca del preciado mar, poca gente había en las calles. No nos gustó la vila, fue contundente, seguiríamos a Praia do Aventureiro. Paramos debajo de un árbol, el único que había en la playa, nos hidratamos y un chapuzón en el mar bien ganado. Casi 3 horas habían pasado desde que nos aventuramos en el sendero por la mañana. Una familia sola había en la hermosa playa. Nos calzamos nuevamente las mochilas y a preguntar por donde se encaraba el sendero. Algunos chicos con tablas de surf llegaban. Nosotros dijimos -claro, salen de la escuela y vienen a la playa a surfear-, seguimos nuestro camino, parecía que la pichicha se quedaba pero de pronto estaba detrás nuestro nuevamente. Cargamos nuestras botellas de agua en una cascadita y después de renegar un poco para encontrar el sendero correcto, ya que hay miles que van a una casita y a otra, comenzamos a subir. ¡Ahora si que no había sombra!. La cuesta arriba era más dura que la matutina, cada 10 minutos parábamos a hidratarnos. Le dimos y le dimos, nos comentaron que teníamos unas 2 horas para cruzar el morro, corto en distancia, pero con mucho desnivel. La charla fue acotada, nos concentramos en mantener el aliento. Llegamos a la cima y paramos un rato. Picamos algo y continuamos. Muchísimos micos, a cada paso nuestro aullaban para advertir a sus pares de nuestra presencia. Más allá de los numerosos intentos no pude fotografíar a ninguno, no tenía zoom en mi cámara. A medida que bajábamos, el ruido de la rompiente de las olas comenzaba a escucharse. Aventureiro estaba cerca. Un camping a nuestra derecha, otro más, uno a nuestra izquierda y de pronto, ¡QUE PLAYA! Las consecuencias de estar lejos de la civilización estaban a la vista. Todo virgen, mucha gente con buena onda, todo limpio, un mar soñado, no nos equivocamos en “ahorrar” un día para disfrutarlo aquí. Habíamos leído de varios campings que tenían habitaciones así que recorrimos, pero todo lugar que preguntamos estaban ocupadas. Finalmente, en el Camping do Ruben alquilamos una carpa con colchonetas. Dejamos el equipaje y nos fuimos a caminar, sin peso en la espalda.
Aquí no llega la luz eléctrica, por suerte, así que cuando cae la tarde comienzan a hacerse sentir los generadores electrógenos hasta la medianoche. Creemos que gracias a ésto el lugar se mantiene tan virgen aún. No hay ninguna pousada, solo campings. La playa de aquí, a diferencia de otras, no cae abruptamente cuando uno se mete en el mar, sino que se extiende varios metros. Las olas, los días que nosotros estuvimos, no eran fuertes. Llegan durante el día muchas embarcaciones tipo yate pero pocos se bajan a la playa. Fondean y allí se quedan.
Ésta noche cenaríamos en lo de Neneca, por recomendación. Es un pequeño bar ubicado en el extremo Oeste de la playa, muy tranquilo y con buena comida. Piensen que en estos lugares el menú es siempre fijo, y además poco dinámico, es decir y para sincerarme, arroz, feijoada y peixe frito pueden ser todas las variantes. Con la panza llena nos fuimos a la cama.
Jueves 22 de Abril
Hoy visitaríamos Praia do Demo y Praia do Sul, y a la tarde volveríamos a Aventureiro. Recuperando fuerzas luego del día de ayer. Pasando el Camping do Luis comienza un sendero de unos 15 minutos para depositarnos en Praia do Demo, muchísimos surfistas, muy buenas olas, seguimos marcha y luego de sortear la Piedra do Demo, terminamos en Praia do Sul. Aquí el mar es bravo, y bastante, apenas te metés ya tenés el agua al cuello. Nos refrescamos y luego nos refugiamos a la sombra de unas plantas. La playa no termina nunca, se extiende por kilómetros y kilómetros. Notamos que para ser Jueves había mucha gente en barcos, nos pareció raro pero pensamos que era siempre así. Luego de descansar emprendimos la vuelta para visitar la Ponta do Aventureiro. Cruzamos Demo y allí encontramos a Rafa, con dos amigos del camino, lo saludamos y seguimos hasta el muelle, estaba lindo para zambullirse desde ahí arriba.
Además de lo lindo que es el muelle, vinimos hasta aquí para preguntar a toda barca que llegaba si mañana salía para Aracatiba. Todas las respuestas eran negativas, iban a Angra directo. Y para nuestra sorpresa, la barca que lleva chicos a Provetá a estudiar, mañana no funcionaba, ¡porque era feriado!, claro, ahí reaccionamos porqué había tantos chicos haciendo surf en Provetá, porqué había tantos yates en Aventureiro, entre otras cosas. Mentalizamos las piernitas para el día de mañana y a volver sobre nuestros pasos nomás.
Repetimos la cena de Neneca y una feliz despedida, era nuestra última noche en la paz de la isla, mañana nos esperaba Rio.
Viernes 23 de Abril
Hoy se madruga, esa es la consigna, había que aprovechar “la fresca” de la mañana. En un tirón hicimos la trilha hasta Provetá, y cuando quisimos acordar ya estábamos de vuelta en Aracatiba.
Nos divertimos con las fotos y nos ganamos unos mates en el balcón de la habitación, la misma, era la mejor de la pousada. El feriado del que les hablé, ¿se acuerdan?, el tema era así, el 21 de Abril es Tiradentes, en homenaje a Joaquím José da Silva Xavier y el 22 de Abril el el día del patrono de Aracatiba, así que como sin querer terminamos estando en la fiesta del pueblo. Desde temprano, cuando veníamos llegando desde Provetá, se escuchaban explosiones. No entendíamos mucho de que se trataba, resulta ser que eran los chicos tirando petardos.
Así que a la noche, luego de cenar, teníamos fiesta, toda persona que cruzábamos nos invitaba. La cena ser sirvió temprano, para poder guardar todo y partir a la parroquia. Me gustó mucho como viven ellos éste día. A Nadia le hizo acordar mucho a la fiesta del barrio de su pueblo. Todos ayudan desde su lugar para que sea el mejor día del año. Observando nos dimos cuenta que sorteaban cosas que cada uno de los moradores podía aportar, y con lo recaudado ayudaban al pueblo. Sortearon tortas, artesanías, remeras, banderas del Flamengo y el Botafogo, todo lo que se les imagine. El sorteo se hizo largo y el baile se hacía rogar, pero los párpados se nos caían, así que lamentablemente nos fuimos a dormir.
Sábado 24 de Abril
Hoy comienza nuestro regreso, o mejor dicho, parte de él. Temprano en el muelle esperamos el Sea Blue, que nos depositaría de vuelta en Angra. Siempre puntual y con la sirena para anunciar su llegada. Muchas gente se volvía que había venido el día anterior a festejar. A la vuelta vimos delfines que merodeaban la barca. ¡Que hermosos que son!
Llegamos a Angra Dos Reis y tomamos un micro hacia la terminal de omnibus, está retirada de la costa. Bajamos y vamos en búsqueda de la boletería del Costa Verde. Justo allí nos pregunta un hombre si íbamos para Rio, pero poca importancia le damos y seguimos la marcha. Insiste, me vuelvo entonces y trato de entender que me decía. Me estaba ofertando salir ya para Rio al mismo precio que el micro, a diferencia que éste último salía en una hora. A no dudarlo, en unos minutos estábamos rumbo a Rio por el camino de la “montaña rusa” nuevamente. Una a una se fueron ocupando las butacas de la Chevrolet Zafira. No es ni más ni menos que el bien conocido “remís compartido”. En unas 2 horas de viajes y con los dientes apretados llegamos a la terminal de omnibus de Rio, ya que para ir al hotel nos quería cobrar un billete extra. Desde allí tomaríamos un colectivo hasta la estación del bondihno, un tranvía que sube por el barrio histórico de Santa Teresa, y donde el hotel se encontraba. No pudimos dar con el colectivo que nos llevaba allí, el que tomamos supuestamente iba para el otro lado y el chofer hablaba un portugués muy cerrado, en resumen, nos bajamos donde nos pareció y tomamos un taxi. La sorpresa fue que en 5 cuadras llegamos al hotel.
El hotel era una mansión, de las tantas que hay en el barrio, reciclada y habitada por familias, que para hacerse de un mango adicional, las hacen funcionar como hoteles tipo “cama y desayuno”. Su nombre es Casa Mango Mango. Al ingresar nos pareció remontarnos en el pasado a la época de la colonización portuguesa, que majestuosa construcción, lástima que todo se hacía mediante la esclavitud. El cuarto que habíamos reservado estaba en reparaciones, debido a ello nos tocó uno de mayor categoría, pero flojito de colchón… Nos pegamos un baño y partimos a cenar. En la recepción nos comentaron que si seguíamos subiendo por la calle del hotel encontraríamos muchos bares y restaurantes, y así fue. Mucha onda, se podría comparar con el barrio de San Telmo en Capital Federal. Cenamos en un bar que lamentablemente no recuerdo el nombre, pero ser recomienda, está pegado a Bar do Mineiro, que es muy conocido. Todo éste barrio se puede transitar a pie, no hay problemas de seguridad alarmantes, igualmente te tenés que manejar con precaución como en cualquier ciudad grande. Lo lindo de aquí es que los bondinhos pasaban cada 20 minutos y por unas monedas nos llevaban desde la zona de bares al hotel y viceversa, o al centro también.
Domingo 25 de Abril
Hoy decidimos conocer la Catedral San Sebastián, y las playas de Copacabana, Ipanema y Leblón. Desayunamos y tomamos el bondinho una vez más. Bajamos donde se termina el recorrido, a una cuadra teníamos la catedral, entramos, tiene un diseño muy poco común para una iglesia. Es un cono con la punta cortada. Tiene millones de ventanas en todo su alrededor, pero sin vidrios. El altar se encuentra en el centro.
De allí fuimos a tomar el subte hacia el Sur, rumbo a Copacabana. Nos impresionó, para bien, la limpieza y el orden de la ciudad. Le están dando mucha rosca a ésto por las Olimpíadas y el Mundial de Futbol venideros. El metro tiene un vagón especial para bicicletas y tablas de surf. Luego de un para de estaciones llegamos a Copacabana, bajamos y caminamos unas cuadras hacia la rambla. Caminamos por ésta hacia el Sur y llegamos a Ipanema, allí hicimos un parate y nos metimos al mar. Quedamos sorprendidos por lo limpia que es el agua aquí, nosotros nos imaginamos que estaría oscura.
Nos metimos una vez cada uno, aquí no te podés confiar, hay que estar muy atento con las cosas que uno deja en la arena. Después de tostarnos un poco partimos ciudad adentro. Es un barrio agradable, con un centro comercial grande. Caminamos hasta dar con la estación del metro y emprender el viaje opuesto.
Mañana era nuestra partida, pasado el mediodía había que estar en el Aeropuerto Santos Dumont, pero en la mañana aprovecharíamos para visitar el Jardín Botánico.
Lunes 26 de Abril
Empacamos, desocupamos el cuarto y bajamos con las mochilas, las dejaríamos en la recepción del hotel hasta nuestra partida.
Otra vez bondinho al centro, pero esta vez tomaríamos un colectivo hacia el Jardín Botánico. Vuelta el trajín y ya en el centro, a punto de tomar el cole me doy cuenta que no había puesto dinero suficiente en la billetera, es decir, mucho dinero que digamos no nos quedaba a ésta altura, pero si algunas chirolas.
No quedó otra que emprender la vuelta y para colmo se rompió el bondinho que subía. Decidimos abortar, recorreríamos el barrio de Santa Teresa, hasta su parte más alta y volveríamos al hotel a la pile hasta que se haga la hora. Mucha ciudad de golpe después de unos días sabáticos nos estaba matando.
Disfrutamos de la pileta y pasado el mediodía, bondinho, colectivo, mucha caminata, llegamos al aeropuerto, picamos algo, y una hora antes de nuestra partida nos llamaron por altavoz. Nos informan que había dos lugares en un vuelo que partía en 10 minutos y nos invitaron a partir. San Nicolás nos esperaba…
Hasta pronto.













































































































